Manera de domesticar a tu hombre (Primera Parte)

Uno de los lugares comunes más recurrentes entre las mujeres es el que dice que los hombres nunca cambian. Para tu sorpresa, tenemos una novedad que desafía ese cliché y proviene de una fuente inesperada: los entrenadores de animales.
Los hombres tienen muchos comportamientos propios de un mamífero, explica Amy Shamu me enseñó de la vida, el amor y el matrimonio: lecciones para personas, de animales y sus entrenadores. Por eso no es tan extraño que respondan a algunas de las técnicas que se usan para amaestrar animales. Sutherland habla desde la experiencia. Luego de pasar un año en una escuela de entrenamiento animal, se animó a aplicar (con éxito) esas mismas pautas con su marido. Y en muy pocos meses logró enderezar algunas de esas manías masculinas tan molestas.
Para que vos también domestiques a tu chico, te contamos algunos trucos utilizados y te explicamos como usar esas técnicas en tu pareja. Si seguís leyendo, vas a lograr que tu Romeo se transforme en un tierno cachorrito obediente.
COMPLACE SUS GANAS DE JUGAR
Tal como se hace con los chimpancé
Los primates son muy escandalosos, por eso es tan difícil calmarlos. Por suerte, si trabajás sobre su costado más lúdico tenés una buena chance de lograr que te presten atención. Cuando necesitamos que un chimpancé haga una tarea, jugamos con él durante cinco o diez minutos. Una vez que se hayan divertidos un poco, estarán más abiertos a obedecer ordenes porque instintivamente saben que es tiempo de devolver el favor.
Hacelo con tu chico
No importa la edad, los hombres nunca pierden el contacto con su costado infantil. Lo malo es que a menudo tu chico elige el peor momento para sacar as relucir el perfil juguetón, como cuando estás llegando tarde al trabajo o necesitás que te ayude con algo de la casa. Para que acceda a lo que le pedía, convéncelo con unos pocos minutos de esparcimiento. Luego decile que seguirán con la diversión más tarde, siempre y cuando saque las bolsas de la basura o haga aquello que necesites. Como su mente y su cuerpo están relajados hay menos probabilidades de que frunza la nariz cuando le hagas el pedido.
RECOMPENSA LO BUENO, IGNORA LO MALO
Tal como se hace con los perros
Si no lo entrenan un cachorro olerá las entrepiernas a medio mundo y apoyaran las patas sobre la falda de cualquiera. Por reflejo, todos lo apartamos cuanto antes, pero eso sólo lo vuelve más travieso e insistente. Para que esto no pase, los entrenadores recompensamos el perro cuando se porta bien e ignoramos cualquier acción que no nos guste. Como los perros mueren porque les prestes atención, lentamente comienzan a evitar los malos hábitos.
Hacelo con tu chico
Tu hombre podría ser un poco más elegante cuando se trata de situaciones sociales ¿no? Nos referimos a que no haga chistes verdes o que no hurgue en la nariz cuando están todos comiendo. Cada vez que se desubica, vos reaccionas codeándolo o susurrándoles frases como “Para hacer papelones, te hubieras quedado en casa”. Pero esa táctica no va. A los varones no les gusta ser tratados como niños porque sienten que están con su mamá. Mejor ignorarlo y dale alguna recompensa (un beso o una palmadita en la cola) cuando esté portándose bien. Asegurate de hacerlo en el momento exacto en que se desarrolle un comportamiento positivo. De lo contrario, no será tan fácil que haga la conexión apropiada.
MANTENE LA CABEZA FRÍA
Tal como se hace con los caballos
Aunque te cueste imaginarlo, detrás de cada semental no hay más que un animalito caprichoso. Por eso todos los buenos entrenadores saben que tienen que tratar al caballo con una voz amistosa pero a la vez firme.
Hacelo con tu chico
Al igual que los caballos los hombres parecen estar configurados para sacar chispas cuando perciben una señal de irritación. Así que cuando él te dé motivos para que quieras matarlo, intentá acercarte de un modo tranquilo. Si estás enojada porque últimamente no salen juntos o no soportás que se olvide de llamarte cuando sale sos amigos, seguro que te morís por reprochárselo a los gritos. Pero mejor no lo hagas. Guarda tu compostura y hablale de un modo tranquilo. Si le decís con calma lo que hizo mal, será más fácil que registre lo que le estás diciendo. El tacto también es crucial, tócalo mientras le hablás. Eso suaviza tus palabras y hace que el reclamo suene menos grave.
