Me rebelo

Me rebelo contra las mujeres que cuando se miran al espejo ven sólo arrugas, imperfecciones, asimetrías, algún rollito que sobra y rellenos que faltan. Contra las adolescentes que a los 15 años piden que se les regalen siliconas, narices nuevas o lipoaspiraciones de caderas. Contra las madres de esas mismas chicas que andan por la vida con las caras congeladas, tensas de tantas cirugías, los labios hinchados u los ojos casi perdidos en medio de tanto maquillaje artificial e inexpresivo.
Militantes fundamentalistas de la perfección física, se agregan, se quitan, se mutilan y deforman para parecer lo que no son. Todo es urgente en esa carrera contra el tiempo, que las convertirá en caricaturas que persiguen un paraíso ilusorio, perdido seguramente inexistente.
Cuando se sabe mirar, los espejos devuelven algo más que deterioro físico. Ahí estamos nosotras, con nuestras historias a cuestas, con nuestra vitalidad, con nuestras alegrías, con nuestro propio encanto, con nuestras ganas de seguir adelante y gustamos con los años que de verdad tenemos, sean 18, 32 o 50.
Por supuesto que no comemos vidrio, ni estamos ciegas para no ver defectos y cosas que queríamos modificar. Hay recursos maravillosos para cambiar el color del pelo, eliminar los rulos o mejorar la textura de la piel. Pequeños retoques milagrosos que mudan ese aire cansado que a veces nos agobia o que corrigen imperfecciones que arrastramos desde el nacimiento. Gimnasia para segregar endorfinas y mejorar la salud física y mental. Sin exageraciones, sin técnicas dramáticas y radicales que con el paso del tiempo exigirán nuevas técnicas cada vez mas drásticas y mas radicales.
Hay que sentirse mejor frente a vos misma y por sobre todo, comenzar a mirarse de otra forma en el espejo, sentirse menos preocupada por lo que parece y más orgullosa por lo que es.
