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El camionero y ella cocinera

Una mujer que trabaja únicamente en la cocina de de su casa nos parece salida de una publicidad de electrodomésticos de la década del ’60: ella cocinando, el marido que llega y tira su maletín mientras se afloja el nudo de la corbata. Finalmente, la besa en la mejilla. Por otra parte, el hombre concentrado en los detalles hogareños, que se arremanga la camisa para lavar los platos, nos resulta una imagen de los mas cotidiana, ésta si muy actual, porque somos modernos y estamos orgullosos de nuestra modernidad, felices de pertenecer a una generación mas abierta y flexible que las precedentes.
Sin embargo a la hora de hablar del “sexo del trabajo” (que no es lo mismo que sexo en el trabajo) todavía se puede formular muchos interrogantes. Mencionemos sólo algunas cuestiones a modo de muestra ¿Por qué decimos “me trajo una taxista” u no hacemos ninguna referencia al sexo del taxista si éste es masculino? ¿Qué fue de las famosas colectiveras que en un momento protagonizaban cuanta nota se hizo sobre los “nuevos trabajos femeninos” y de golpe desaparecieron? ¿Por qué en general es un hombre el que, en el ámbito sagrado de la peluquería, se ocupa de las cabezas de su género opuesto por fuera y también por dentro? ¿Por qué las chicas que optan por deportes fuertes como el box o el rugby tienen que demostrar a cada instante su femineidad? ¿Las árbitros de fútbol acumularan insultos en igual cantidad y tenor que los árbitros? ¿Por qué tan pocos maestros jardineros? ¿Por qué a los enfermeros los confunden con médicos?
También podemos medir nuestro nivel de prejuicio con un pequeño test casero preguntándonos sinceramente, por ejemplo, si contrataríamos un mucamo en lugar de una mucama o un niñero en lugar de una niñera, o que haríamos si nuestra hija un día nos plantea seriamente –porque puede suceder- “Mamá quiero ser camionera”.

Cuando estaba en la escuela secundaria tenía una amiga que trabajaba en la gomería de su papa y soñaba con ser mecánica de autos de carrera. Era una morocha lindisima, alta, de labios gruesos, con un cuerpo estabilizado propio de una modelo de ojos enormes que hacia ruborizar a cualquiera que la mirara fijamente. Todos los chicos querían salir con ella, incluso creo que su excéntrica vocación alimentaba sus fantasías adolescentes. Pero, en la practica, muy pocos se animaban a pasarla a buscar por el trabajo. Al parecer, verla con el overol, con la cara toda sucia y alguna herramienta en la mano les chocaba un poco.
No es que ponga en duda los avances de la igualdad de los sexos en el campo laboral ni mucho menos. Es mas, tengo una visión positiva en ese sentido y creo que dentro de un tiempo no será necesario destacar que una mujer es piloto de avión o que un hombre se queda en casa cuidando a los chicos. Todo eso nos parecerá, estoy segura, salido de un comercial antiguo.

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